! Qué viva el Rey !

Reflexiones sobre la muerte de Presley en el día de su cumpleaños

Cuando Elvis Presley murió, víctima del consumo excesivo de drogas, el 16 de agosto de 1977 era una estrella en decadencia. Su ritmo frenético que provocara la revolución sexual en los Estados Unidos era cosa del pasado y un Elvis oxidado y gordo se arrastraba en los shows de Las Vegas tratando de aferrarse a una fama que se iba. La muerte vino a rescatarlo del olvido inevitable que seguramente lo cubriría de haber continuado deslizándose por esa pendiente.

La muerte de Elvis fue una mina de oro para los mercaderes de ilusiones. Estos comprendieron de inmediato que un Elvis muerto vendería lo que nunca habría vendido un Elvis vivo. Podrían además remodelar su imagen elevándola a la categoría de ícono religioso y eliminar a ese incómodo gordo vicioso de los últimos años que tanto había hecho peligrar los negocios. A fin de cuentas, ¿quién no estaría dispuesto a recordar al bello Elvis de las multitudes y las chicas histéricas, y olvidar al feo y degenerado, de los exabruptos y los fracasos ? El pueblo simple necesita héroes simples y un Elvis muerto era el mejor héroe que podían encontrar.

Todos se lanzaron sobre el botín. Hasta los guardaespaldas que le acompañaron en sus últimos años escribieron libros sobre él.  Que tuvieran o no valor literario era detalle de tercer orden, lo importante es que Elvis vendía y seguiría vendiendo, como siguen vendiendo Marilyn Monroe y John Lennon, que salvando las distancias han compartido su misma suerte después de muertos.

Graceland, la residencia donde vivió el Rey desde los 22 años hasta su muerte y donde está enterrado fue convertida en museo y hoy es la segunda casa más visitada de los Estados Unidos después de la Casa Blanca. Los fans, muchos de los cuales no habían siquiera nacido cuando murió Presley, hoy se peinan y visten como él, hacen convenciones en su honor y tratan de vivir una vida como la suya, en un mundo que ya no es el suyo.

Al final todo es un gran negocio, un negocio en el cual aparentemente todos quedan complacidos: hoteles, centros de convenciones, agencias de viaje, discográficas, vendedores de cuanta cosa rara existe en este mundo atribuible a Elvis y, por supuesto, los admiradores que pagan complacidos por vivir el sueño. Una idea exacta de lo que representa toda esta parafernalia la da la revista Forbes, que en cinco ocasiones ha nombrado a Elvis como la celebridad muerta que más dinero genera, con ingresos brutos superiores a los 45 millones de dólares anuales.

Hay para todos los gustos en el mundo postPresley. En 2010 una casa de subastas anunció que pondría a disposición de los fans parte del instrumental utilizado en la autopsia de Elvis. Finalmente no se efectuó la puja por falta de consenso sobre la autenticidad de las piezas y no por lo macabro del acto en sí. Pero no es de extrañar ninguna de estas cosas, a fin de cuentas, Elvis – o la idea de Elvis que nos venden – es sólo una partícula de este mundo cada vez más absurdo en el que vivimos, donde todo se convierte en mercancía, incluso las cosas intangibles como los sueños.

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