Para ellos la guerra no es un juego

Niños soldados

Niños soldados

Es algo feo la guerra. Hasta en los videojuegos actuales, con su realismo impresionante, a veces nos hacen estremecer y meditar. Desde que nací, hace ya tres décadas, varios conflictos bélicos llamaron mi atención incluso desde adolescente, pero por aquel entonces veía esas cosas como algo muy lejano. Luego crecí (solo un poco más) y ahora tengo una familia maravillosa que me alegra los días y me hace temblar, aún más, cuando escucho hablar de guerra o veo algún material gráfico relacionado con ella.

Mi niño pequeño tiene apenas dos años. Su sonrisa ingenua no sabe aún lo que es la maldad solo por el placer de la maldad. No entiende el significado de la muerte, no sabe que aquellos que mueren no regresan más aunque vivan en nuestros corazones para siempre y se queden en las fotos que consiguen arrancarnos una lágrima. Mi niño no tiene idea (como no la tienen millones de personas en el mundo) de que ahora mismo más de 300 000 niños son usados como soldados en 20 países del mundo entero, según denuncia la UNICEF.

Niños soldados en Uganda

Niños soldados en Uganda

Ellos sufren, mueren y matan todos los días, sin que haya distinciones de raza o sexo entre ellos. Son todos iguales, niños soldados, no hay distinciones. Hay países, como Uganda, donde las niñas llegan a ser la mitad, del total de menores implicados en conflictos armados. En Colombia, mucho más cerca de nosotros, son un tercio. Son niñas soldado, lo que no las protege de ser violadas, torturadas y maltratadas. Uno conoce de estas cosas y dice ¿pero cómo puede haber gente tan mala que le haga eso a un niño, más, a una niña?

No importa la edad ni el sexo. Niños soldados.

No importa la edad ni el sexo. Niños soldados.

Pero ahí están ellos. Muchos consiguen sobrevivir (el cuerpo humano puede soportar maltratos inimaginables) y algunos cuentan su historia. Ahí está el músico Emmanuel Jal, quien hace diez años atrás era tan solo un pequeño soldado en su Sudán natal y ahora es una celebridad del hip-hop internacional. Pero Jal es tan solo una excepción que confirma la regla. Atrapado en medio de la guerra civil, sobrevivió a cinco años de combates antes de escapar junto con otros 300 niños. Debieron soportar una travesía de tres meses antes de llegar a un lugar seguro.

A finales de los 80, cuando tenía tan solo siete años, soldados sudaneses asesinaron a su madre y violaron a su hermana. A él lo condujeron por la fuerza a un campo de entrenamiento del Ejército de Liberación de Sudán a fines de los años 80. Allí le dieron un fusil AK-47 más alto que él. Si no hubiera logrado escapar y ser posteriormente adoptado por Emma McCune, socorrista británica de la organización Street Kids (Chicos de la Calle), nadie sabe cual hubiera sido su futuro.

El reclutamiento de menores es un crimen de guerra y va contra la declaración de los Derechos del Niño, pero es un derecho que se viola a diario en numerosos países con guerras internas. La mayor parte de estos niños y niñas son reclutados a la fuerza, muchas veces sus ojos han visto como su familia es asesinada. El golpe psicológico es fuerte. La mayor parte, una vez entrenados, no recuerdan estos episodios del pasado y no temen a nada. Los métodos empleados siempre son crueles:

“Te dan un arma y te obligan a matar a tu mejor amigo. Lo hacen para ver si pueden confiar en ti. Si no lo matas, le ordenan a él que te mate a ti. Tuve que hacerlo porque, de lo contrario, me habrían matado a mí”.

cuenta un adolescente de 17 años que, con solo 7, se unió a un grupo paramilitar colombiano.

Los pequeños se convierten entonces en carne de cañón. Son enviados sin piedad a la primera fila, se les ordena colocar explosivos y desactivar minas, disparar, matar…

Para los sobrevientes el retorno a la “vida normal” no es nada sencillo. No todos tienen la suerte de Jal y las secuelas emocionales que quedan son graves.

Dora Akol, directora de World Vision, organización dedicada a asistir psicológicamente a quienes fueron niños soldados, explica:

“Algunos de ellos ya no pueden controlar sus agresiones, incluso aunque ellos mismos sufran con aquello en lo que se han convertido. E incluso cuando las familias de estos niños desean volver a acogerlos, conviven con ellos con miedo”.

El drama de los niños soldados no es exclusivo de los países empobrecidos. Amnistía Internacional denuncia que, aunque en Europa y Estados Unidos los menores no participen en las guerras, se les adiestra en campos de reclutamiento para menores de edad. En Estados Unidos, el Pentágono recluta niños de hasta catorce años en las escuelas. Aunque su formación dista de la que se imparte en los países empobrecidos, la finalidad es la misma: prepararlos para matar.

Termino de escribir estas líneas y me acuerdo de mi pequeño, que en su cabecita rubia ignora cuanta maldad y horror acecha a los niños en otros lugares del mundo. No puedo evitar pensar en él cada vez que las noticias nos muestran esos pequeños cuerpos sin vida, víctimas de la avaricia humana que hace a los mercaderes de la muerte llegar a todas partes. Mueren niños dispuestos a matar, pero mueren otros que ni siquiera entienden que cosa es morir.

Las guerras son algo muy feo, mucho más si son niños quienes las hacen. Para ellos la guerra no es un juego.

4 comentarios

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    • Mayara Cabrera Martínez el 13 enero, 2012 a las 15:34
    • Responder

    Es lamentable que más de 300 000 niños sean usados como soldados en 20 países del mundo entero, proteger a los infantes es uno de los retos más grandes que enfrenta esta amenazada humanidad. No es solo conmemorar un día, sino lograr estrategias sostenibles, intensificar esfuerzos y destinar los recursos necesarios para que la comunidad de países pueda salvar el futuro, solo posible protegiendo a los niños y jóvenes. Protejámoslos del trabajo infantil, la trata y el secuestro, así como de todas las formas de explotación.

    “Ellos son la esperanza del mundo, son los que saben querer”

  1. Mayara tu comentario es un bálsamo de paz. Por suerte en Cuba, la realidad es otra… Te respondo en verso. Que lo disfrutes. Y lo disfruten todos aquellos que como yo protegemos a nuestros infantes con corazas de algo más que armas… Blindajes de ideas.

    EL PRECIO ¨ JUSTO ¨

    Mister Dólar quiso comprarme
    la niñez,
    ¡qué estupidez!
    Me mostró un Nintendo…
    Yo no me vendo.
    Mencionó a Disneylandia…
    Usted no manda.
    Un viaje en crucero…
    Yo no lo quiero.
    Un viaje a la luna…
    ¡No! No me gusta.
    Un pony, una isla…
    Soy fidelista.
    ¿Con qué cosa sueñas?
    Con esta tierra.
    ¡No tienes sueños!
    ¡No tengo precio!
    El mío es justo…
    No sea iluso.
    Mister Dólar quiso comprarme
    la inocencia.
    ¡Primero muerta!

      • Mayara Cabrera Martínez el 16 enero, 2012 a las 12:28
      • Responder

      Daydí, muy bello el poema, es real todo lo que dice, así lo sentimos todos los cubanos. De que valen los viajes en cruceros, los Nintendos, lo material, si lo más importante es lo espiritual

      1. QUE LOCURA CUANDO YA NO PUEDES SER LO QUE DESEAS, NO POR DECISION PROPIA, SINO POR OBLIGACIÓN COARTADA CON LA MAS BAJAAUSTERIDAD DEL CREE QUE LAS COSAS FUNCIONAN BIEN Y QUE PRONTO ESTARÁN MEJOR. QUE VIVA CUBA Y NOSOTROS LOS VENEZOLANOS PERDIDOS EN EL MAR DE LA REVOLUCIÓN.

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