Te cuento como es mi pueblo: Caunao

Por Anoy González Vilches, Moderador de Ecured

Soy “nativo” de Caunao. Yo prefiero llamarlo así, aunque algunos le digan Caonao. Si sales de Cienfuegos, rumbo a Cumanayagua, llegarás a un ya no tan pequeño pueblo, cuyos orígenes se pierden en el tiempo. Su nombre real no está claro aún y nadie sabe con certeza cuál es, aunque parezca algo ilógico: Caunao, para algunos o Caonao, para otros. Luce un poco viejo, a veces es olvidado por todos, pero yo soy de aquí y me siento orgulloso. Ahora te cuento un poco de su historia.

CaunaoEste poblado, mi pueblo, (actualmente Consejo Popular) ya estaba aquí desde el siglo XIX, en terrenos pertenecientes al ilustre benefactor de la Colonia Fernandina de Jagua, Don Agustín Santa Cruz y de Castilla, quien durante el período de la fundación de la colonia, cedió 130 caballerías de tierra a Don Luis De Clouet. De esta forma se beneficiarían ambos. Fue así cuando se comenzó a poblar la zona, en las propiedades de los Santa Cruz y Castilla, quienes éran dueños del primer ingenio de la comarca de fabricar azúcar denominado “Nuestra Señora de la Candelaria”.

Poco después, en los años 1835 y 1837, surgen los primeros asentamientos: La Josefa y Santa Rosa, cada uno con sus ingenios, incrementando así la economía local. Posteriormente, en los primeros años del siglo XX aparece otro asentamiento en las márgenes del río Caonao: Lagunillas.

El espíritu insurreccional estuvo presente entre los lugareños, desde que Cienfuegos era colonia francesa. Cuentan que los colonizadores de Cienfuegos despertaron la envidia de Carlos Ramos, un mexicano yucateco que vivía en Caunao. Para expulsar a los franceses de Cienfuegos, soliviantó a un grupo de vecinos y formó una partida con el nombre de los Yuquinos, con el objetivo de que lo ayudaran a revolucionar la colonia, diciéndoles para animarlos, que de Costa Firme vendrían diferentes buques a favorecer la acción y acordaron atacar a los colonos en La Majagua (nombre que le daban los Yuquinos a la Colonia).

Unos 40 hombres montados dos en cada caballo y armados de machetes, se dirigieron a La Majagua para sorprender a los franceses, pero estos conocían el complot y pertrechados con toda clase de armas se dirigieron a su encuentro. En la Ceiba se encontraron y en el primer disparo de los franceses, los Yuquinos se dieron a una fuga escandalosa y en esa acción ¡¡hasta parió la yegua de Carlos Ramos!!, quien fue detenido. Es cierto que el método escogido para lograr su fin no era muy recomendable, pero no cabe duda que a pesar de la envidia que narra la historia, lo guiaba un ideal levantado, por el que tiempo después se sacrificaron y lucharon hasta perecer, un gran número de patriotas. Es por eso que el antiguo poblado de Caunao, mediante la figura de Ramos, fue precursor de uno de los primeros intentos en Cuba de un movimiento insurreccional por la independencia.

Otro momento digno de destacar en la historia de este pueblo, es que cuenta con el mérito de ser la localidad de Cienfuegos que más mártires tuvo en la gesta de Playa Girón. Fueron 7 hijos, naturales y adoptivos, que no dudaron en dejar a sus familiares para partir al llamado de la patria. Ellos fueron: Ciro Sosa Ruiseco, Rafael Espinosa, Ramón Jaureguí Díaz, Luis Pérez Iznaga, José Luis Chaviano Chávez, Emiliano Álvarez y Enrique Cantero.

Otro hijo adoptivo, de relevancia en la historia de Cuba, fue Pedro Manuel Sarría y Tartabull, inmortalizado en el libro “Mi prisionero Fidel” con la frase:

“¡No disparen!…¡Muchachos, las ideas no se matan!” .

Caunao también fue cuna de poetas y artistas. Entre ellos destaca el pintor Benjamín Duarte Jiménez, cuyas pinturas se expusieron en  galerías nacionales e internacionales. Entre los poetas tenemos a José Álvarez Ramírez (Cheo) y a Samuel Feijoo Rodríguez (hijo adoptivo).

Caunao también cuenta con un “milagro”.  Sí, como les cuento. Este sucedió en el ’35, luego del paso del devastador ciclón de dicho año. En la iglesia católica local existía una imagen de la Virgen del Carmen, que actualmente se conserva, en la pared del altar. Luego del ciclón, la única pared que quedó en pie fue la del altar y frente a ella, la Virgen: regia, firme, como si contemplara los escombros y el dolor del pueblo que la veneraba.

La iglesia de Caunao destruida

La iglesia de Caunao destruida

Si visitas la ciudad de Cienfuegos e ignoras la historia de Caunao, mi pueblo, tal vez no llame tu atención este lugar un poco viejo, que ves cuando estás de tránsito hacia Cumanayagua o tal vez Trinidad. Pero aquí está mi gente, aquí está la historia. A mi me gusta mi pueblo, ¿te gusta a ti el tuyo?

Si eres hijo de este pueblo, aunque no estés ahora mismo, aunque nunca más regreses, cada 16 de julio, en el día de Nuestra Señora del Carmen, recordamos a todos, los que como tú, ya no están físicamente por azares de la vida, en nuestro querido Caunao.

3 comentarios

    • Daydí en 13 enero, 2012 a las 14:22
    • Responder

    El pueblo de Caunao, no sé pero el artículo, es muy sugerente, tanto es así que da unos deseos irremediables de visitarlo para conocerle sus intríngulis. Sus leyendas. Su gente.
    Me gustaría escribir así de lindo sobre el mío. ¿Dónde podría?

    1. Muchas gracias por tu comentario. Para escribir sobre tu pueblo sólo tienes que quererlo. Así de simple. Si quieres mi ayuda acá estoy.

  1. Felicito al autor de esta sucinta historia de Caunao, poblado al NE de la ciudad de Cienfuegos. Es plausible este tipo de acercamiento a la historia local de los lugares con que uno se identifica; más meritorio aún resulta cuando surgen de residentes o nativos (justo decir del autor) de dichos parajes, muchas veces olvidados o ignorados.
    El topónimo Caunao y no Caonao, como otros refieren, data de los primeros residentes que se establecieron en la cuenca del río homónimo y en su lengua aruaca, quiere decir lugar donde hay oro.
    Desde los primeros visitantes europeos al interior de la Bahía de Jagua, a donde vierte sus aguas el río Caunao, se hicieron referencias al mismo, tanto al rio como a su oro. Posteriormente, se estableció el Hato del que A. de Sta, Cruz cediera las 130 Cab. de tierra que refiere el autor para fundar lo que es hoy la flamante Ciudad de Cienfuegos.
    Solo agregaría que el Ingenio Ntra. Sra. de la Soledad (luego Soledad y, hacia su final: Pepito Tey) fue fundado en sus cercanías en fecha tan temprana como 1820, apenas un año después del arribo de los fundadores de la susodicha ciudad. Los productos de este ingenio y, hasta sus residentes, se comunicaban con el puerto de embarque en la península de Majagua a través del río Caunao.
    Como colofón quisiera me permitieran agregar un fragmento del Poema “Endecha”, del autor jaguense Eduardo Benet Castellón (1879-1965), que inexplicablemente no estuviera incluido en la selección “de algunas muestras” que hiciera Aida Peñarroche en su libro “Con tu ímpetu de agua clara. El río en la poesía cienfueguera de los siglos XIX y XX” (Ed. mecenas, 2007).

    Adiós, viejo río,
    raudal legendario,
    que el oro en tus ondas
    al mar vas llevando;
    adiós… cuando sienta
    a la muerte el paso
    mover en mi busca,
    diré que ignorados
    mis restos sepulten
    cabe tu remanso.

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