¡Yo soy el maestro!

Manuel Ascunce Domenech

Manuel Ascunce

¡Yo soy el maestro! Fue la frase sin miedo que inmortalizó aquel instante. ¡Yo soy el maestro! Dijo aquel muchacho, casi un niño ante la mirada ansiosa tras la que se ocultaba la rabia y la cobardía de aquellos bandidos.

Era Manolito, el hermano de Marilola, el mismo que añoraba las vacaciones para regresar a su ciudad natal a jugar pelota el que hablaba ese día con tanta firmeza. Era Manuel, el brigadista que había dejado atrás su vida cómoda y sin complicaciones para llevar la luz de la esperanza a los que aún no descubrían el camino del saber.

Manuel Ascunce Doménech había nacido un 25 de enero de 1945 en Sagua la Grande, antigua provincia de Las Villas. A los dos años su familia se traslada a la capital donde el pequeño inicia sus estudios. Incorporado a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, realizó guardias en su escuela secundaria para protegerla durante el mercenario ataque por Playa Girón.

Al llamado del Comandante en Jefe Fidel Castro, Manuel no duda en incorporarse a la Campaña de Alfabetización.

Era apenas un niño — como dijera el mismo Fidel Castro—, que además había sacrificado sus vacaciones, que llegaba allí, igual que otros 100 mil jóvenes, hijos de decenas y decenas de miles de familias, muchos de ellos, la inmensa mayoría, hijos de la clase obrera.

Fe destinado inicialmente a la zona Limones Cantero, municipio de Trinidad, donde alfabetizó en casa de los campesinos Colina y Joseíto, estancia que vio interrumpida por encontrarse enfermo y que lo obligó a viajar a La Habana.

Pedro Lantigua

Pedro Lantigua. Foto: EcuRed

Posteriormente se traslada a la casa de Pedro Lantigua por una propuesta propia. Por aquel tiempo la zarpa del imperialismo se vestía de mercenario y como bandido, circulaba por el Escambray cometiendo atropellos. Eran momentos difíciles, de peligro, pero Manuel insistió en mantenerse en su puesto, pues decía que debía terminar su trabajo para regresar como todos en su momento preciso.

Llega el 26 de noviembre de 1961. Casi iba a cumplir los 17 años. Esa tarde Mariana de la Viña, la esposa de Pedro, había hecho para todos la colada del café recién cultivado y tostado en la propia finca. La negra bebida no llega a manos del campesino, ahí estaban unos supuestos milicianos que resultaron no ser más que viles bandidos, lobos con piel de oveja. Mariana quiere defender a los suyos, quiere defender al joven maestro, dice que él es uno de sus hijos. Pero los asesinos desconfían, preguntan quién es el maestro.

¡Yo soy el maestro! Fue la respuesta enérgica, viril, de quien ya no sería nunca más un muchacho porque se había convertido en un hombre con talla de gigante. ¡Yo soy el maestro!

La respuesta indignó a los bandidos, que como todos los cobardes se esconden tras la fuerza. Se llevan a Manuel, arremeten y cargan también con Pedro y con Pedrito, uno de sus hijos. Mariana lucha con dientes y garras y logra arrebatarlo de sus captores, al tiempo que huye para pedir ayuda. Pero ya es tarde. Llueven las ofensas, las amenazas y los golpes contra los detenidos. Sacando lo más bajo de dentro de si, aquellos bandoleros torturaron y a asesinaron sin compasión. Los cuerpos sin vida quedaron colgando pero aquellos asesinos no habían podido matar el ejemplo de quienes perdieron la vida por defender la obra de la educación y ser fieles a la causa de la Revolución.

El cortejo fúnebre fue imponente. El 27 de noviembre, fecha memorable en la que se conmemoraba el 90 aniversario del fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina, En el acto de despedida, el entonces Presidente Osvaldo Dorticós Torrado, expresó:

“Al asesinar a este adolescente, se ha querido asesinar con él a una nueva generación que encarna el más lúcido y sano presente, y que anuncia para la Patria el más esclarecedor porvenir. Hoy hemos cavado una tumba para el héroe adolescente, pero con actos como este cava día a día, su tumba el imperialismo y el capitalismo.

(…) Y quiénes son los responsables de este crimen? Son, en primer término, los autores materiales, mercenarios o degenerados que realizaron el hecho con sus manos asesinas. Son responsables de este crimen los liderzuelos contrarrevolucionarios traidores que inducen -al crimen desde las playas veraniegas de Miami. Son responsables de este crimen los dirigentes del Imperialismo, que inspiran estas acciones criminales, arman las manos de los asesinos, financian con dólares sus acciones; responsables de este crimen y de los otros crímenes, son los dirigentes de Washington…; responsable de este crimen es en última instancia, el sistema imperialista y capitalista, que actualmente pretende sobrevivir en la historia, realizando hechos como este.”

Cuba toda les lloró, al acto había sido brutal, pero nadie podría parar ya la Campaña de Alfabetización. El tiempo nos separa de aquellos sucesos y el maestro sencillo se ha multiplicado en cada maestro cubano que día a día lleva la luz del conocimiento a todos los rincones del mundo.

¡Yo soy el maestro!

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