En las biografías martianas, en el capítulo que refiere los años juveniles del Héroe Nacional de Cuba, se hace siempre mención a un catalán. Es don José María Sardá, el rico arrendatario de las canteras de la Isla de Pinos, quien con su generoso corazón trató y logró paliar la dolorosa situación, en lo espiritual y material, que sufría el joven Martí. En su Martí el Apóstol, Jorge Mañach evoca el encuentro en la finca El Abra.
Sardá parecía un hombre bueno…Una tarde pasó por “La Criolla” y preguntó por Martí. Le vio las mejillas secas, los ojos enrojecidos. Le puso la mano en el hombro; habló aparte con el brigada. Desde ese día Pepe se vio tratado con cierto miramiento.
A la semana lo trasladaron a la fortaleza de La Cabaña. Amigo del Capitán General, pudo el rico catalán – a instancias tal vez de Don Mariano – lo que no habían podido las imploraciones de Doña Leonor. Pepe fue indultado de presidio. Lo confinarían provisionalmente a la Isla de Pinos, bajo la responsabilidad del propio Sardá, mientras se consideraba su deportación a España.
Tomado de Catalanes en Cuba. Juan E. Friguls Ferrer. Publicigraf. La Habana. 1994.



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