El destino y la muerte viajan en avión

Dron estadounidense del tipo Predator

Previo a la marcha que los trabajadores en el mundo llevarían a cabo por el Día Internacional de los trabajadores (algunos para mostrar su apoyo incondicional al sistema, otros para reclamarle a este), el jefe de antiterrorismo de la Casa Blanca, John Brennan, aseveró que a Estados Unidos le asiste el derecho de emplear aviones no pilotados en su alegada guerra contra el terrorismo.

Al parecer no importan hechos comos los que señalaba hoy mismo Prensa Latina, en los que un avión teledirigido estadounidense mató a cuatro niñas paquistaníes el domingo pasado. Esto es noticia de todos los días, cuerpos destrozados y carbonizados, muchos de ellos, que solo comienzan a vivir, pero casi todos, solo culpables de estar en el momento y el lugar “equivocados”.

Después del 11 de septiembre de 2011 no hay nada que nos restringa del uso de la fuerza contra Al Qaeda, aseveró el funcionario.

George W. Bush, el Nerón del siglo XXI, como lo llamara el escritor norteamericano James Hatfield

Y es que los norteamericanos de veras se creen que son la raza escogida por Dios y nadie puede interponerse entre ellos y sus caprichos. Recordemos que en 2003, según Nabil Chaath, entonces Ministro palestino de Información, el presidente estadounidense George W. Bush declaró actuar por “una misión divina”. Según Chaath, Bush añadió:

Dios me ha dicho, George, ve y lucha contra los terroristas en Afganistán. Y yo lo hice. Y Dios me dijo, George, pon fin a la tiranía en Irak.

Más de diez años después de que W. Bush iniciara su cruzada personal, que se ha convertido en el pretexto perfecto del gobierno norteamericano para satisfacer sus oscuros y ambiciosos propósitos, la muerte ronda por donde quiera que pise una bota yanki o vuele uno de sus drones, verdaderos ángeles de la muerte.

Pero mucho antes de que Bush (descrito por varios como “un hombre blanco que cree que es Dios”) se creyera una especie de César moderno, ya el gobierno del país del norte consideraba que su nación estaba destinada a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico y justificaban cualquier acto que los llevara a lograr la expansión. Cualquier comparación con la doctrina nazi, es totalmente intencionada.

El Destino Manifiesto es una doctrina que en sus inicios se sustentaba en puritanismo que profesaban los primeros colonos ingleses, mediante el cual estaban convencidos de ser el pueblo elegido por Dios para sobresalir por sobre los demás. ¿Se parece en algo a la realidad actual?

Un ministro puritano de nombre John Cotton, escribía en 1630:

Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos así como a someterlos.

Años más tarde Abraham Lincoln describía a los Estados Unidos como la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra.

Ya en 1818 invaden Florida con la excusa de reprimir a los indios Semínolas que incursionaban sobre tierras yanquis. En 1820, Moisés Austin de Luisiana obtiene del gobernador español de Texas permiso para introducir 300 familias norteamericanas con el objetivo de colonizar y con el compromiso de fidelidad al rey y de defensa del territorio contra los indios y los filibusteros.. Los colonos venían con sus esclavos y en 1826, con el pretexto de que el gobierno mexicano decretase la liberación de los esclavos, colonos encabezados por el norteamericano Hayden Edward, toman Nacogdoches y proclaman la “República Libre de Fredonia”. Un mes duró esta experiencia que fue condenada por el congreso mexicano, el que culpó al gobierno de Estados Unidos de haber estimulado el levantamiento.

En 1834 el 80% de los pobladores de Texas eran estadounidenses. Había menos de 7,000 mexicanos que, en su gran mayoría, eran pacíficos campesinos que cultivaban sus tierras y vendían sus productos. Luego del fin de la esclavitud en México, los aventureros mercenarios Sam Houston, William Travis, Jim Bowie, Davy Crockett y otros, llegados de diversos estados de la Unión, sobre todo Tennesse, comenzaron a crear conflictos separatistas con el beneplácito y el apoyo del gobierno de los Estados Unidos.

Con el pretexto de que “México ha cruzado la frontera de los Estados Unidos y derramado sangre americana en suelo americano”, el presidente James Polk desató la guerra expansionista que despojaría a México de los extensos territorios de Texas, Nuevo México, Arizona y Alta California. El 2 de febrero de 1848, se firmó el Tratado de Guadalupe-Hidalgo por el que México perdió el 54% de su territorio nacional –incluyendo Texas– y su mayor riqueza agrícola y minera. La agresión fue calificada por José Martí como guerra humillante.

Después, en muchas otras ocasiones, se ha citado este Destino manifiesto tanto a favor como en contra de otras intervenciones militares.

Uno de los ejemplos más claros de la influencia del concepto de Destino Manifiesto se puede apreciar en la declaración del presidente Theodore Roosevelt en su mensaje anual de 1904.

Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir que, en consecuencia, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y, en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe (basada en la frase «América para los americanos») puede obligar a los Estados Unidos, aunque en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de policía internacional.

El presidente Woodrow Wilson continuó la política de intervencionismo de EE. UU. en América, e intentó redefinir el Destino Manifiesto con una perspectiva mundial. Wilson llevó los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial con el argumento de que «El mundo debe hacerse seguro para la democracia». En 1920 en su mensaje al Congreso, después de la guerra, Wilson declaró:

… Yo pienso que todos nosotros comprendemos que ha llegado el día en que la Democracia está sufriendo su última prueba. El Viejo Mundo simplemente está sufriendo ahora un rechazo obsceno del principio de democracia (…). Éste es un tiempo en el que la Democracia debe demostrar su pureza y su poder espiritual para prevalecer. Es ciertamente el destino manifiesto de los Estados Unidos, realizar el esfuerzo por hacer que este espíritu prevalezca.

Lo cierto es que casi 400 años después de que el religioso John Cotton abriera las puertas de esta doctrina, su tocayo John Brennan deja bien claro que aún el gobierno estadounidense se considera por encima del bien y el mal. A juicio de Brennan, los objetivos de Estados Unidos son “legítimos, éticos y justos”.

De aprobarse un pedido de la CIA, las aeronaves militares teledirigidas podrían bombardear a sujetos que simplemente se asemejen a militantes de Al-Qaeda, visiten zonas catalogadas como campamentos terroristas o se sospeche carguen algún explosivo.

Lo cierto es que ahora el destino viaja en avión, al igual que la muerte. Mucho cuidado, pueden atacarlo a usted ahora mismo.

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