Moría aquel 16 de enero de 1934, con los pulmones destrozados por la tuberculosis, Rubén Martínez Villena, el hombre sencillo, valiente, el intelectual revolucionario dirigente del Partido Comunista de Cuba. Casi recién cumplidos los 34
años, la muerte se llevaba al hombre de “La Pupila Insomne”, al de la Protesta de los Trece.
Villena había nacido el 20 de diciembre de 1899 en Alquízar recibiendo de su madre los rasgos, la bondad, el refinamiento de los gustos y la atracción por la Literatura. Su padre, el maestro, le legó la rebeldía del carácter, el concepto del honor, aquella energía suya emprendedora, la voluntad y el anteponer el deber ante todo. Con solo tres años Máximo Gómez le había anunciado:
“Tu vida tendrá luz plena de mediodía”. Continuar leyendo


